«Los mantelines son uno de los mejores lienzos improvisados»

Pensados para proteger las mesas y condenados a desaparecer tras la comida, los mantelines rara vez aspiran a algo más. Sin embargo, durante años, el ilustrador barcelonés Sebastià Martí (@sebastia.marti y @sebastia.marti.ilustracion) los ha convertido en soporte creativo mientras esperaba que le trajeran la comida. Hoy, algunas de esas obras se exhiben, cómo no, en un restaurante de Barcelona.

Alguno de los mantelines son de García de Pou, una circunstancia que nos ha llevado a conversar con el artista sobre esta iniciativa tan singular. La exposición podrá visitarse hasta el 15 de marzo de 2026.

 

¿Sabe que la palabra «mantelín» no está en el diccionario de la RAE?
Pues no lo sabía y me encanta el término. La próxima expo que haga sobre mantelines se va a titular precisamente así: Mantelines.

Dibujar en mantelines de bares y restaurantes lo hace mucha gente, pero elevarlo a la categoría de arte… ¿se le había ocurrido a alguien antes? ¿Cómo surge la idea?
Estoy seguro de que lo habrá hecho alguien, ¿no? Es imposible que no sea así. Pero yo no lo he visto nunca expuesto, y pensé que ya tardaba. Si lo hubiese visto de alguien, no lo habría llevado a cabo.

El mantelín es uno de los buques insignia de García de Pou: los fabricamos a millones y con infinidad de diseños. De ahí que alguno de los que ha utilizado sea nuestro. ¿Alguna preferencia en cuanto a textura, grosor y material para que el lienzo sea perfecto?
Buena pregunta. Naturalmente, el que tenga más gramaje, es decir, grosor, para que aguante tanto rotuladores como alguna incursión con pinturas. También que no esté muy estucado. ¡Ah! Y que tenga impreso algo referente al restaurante, pero que no ocupe más del 30 % de la superficie.

«Córdoba», una de las obras «en mantelín» del ilustrador Sebastià Martí.

 

¿Es el mejor lienzo improvisado que existe? ¿Algún otro soporte improvisado en el que le guste dibujar?
Es el más hedonista que he encontrado: tienes mesa, silla, comida, bebida y, con suerte, buenas vistas o algún motivo interesante. Siempre hay lienzos improvisados, por ejemplo, la arena de la playa (arte efímero), los guijarros de un río, un trozo de cartón, una madera, etc., pero sin duda uno de los mejores es el mantelín.

Incorpora las imperfecciones y manchas del mantelín a la obra, pero ¿qué es primero, el huevo o la gallina? ¿La mancha inspira la idea o el dibujo acaba engullendo la mancha?
Seré sincero: primero va el dibujo y después la mancha, en la mayoría de los casos. Alguna vez ha sido lo contrario, pero es la excepción; una pena, porque es más romántica esta última versión.

¿Qué le inspira para empezar un cuadro-mantelín?
En ese sentido, la inspiración no cuenta demasiado. Debes hacer algo en lo que dura la comida, mientras charlas, etcétera, así que la obra es representativa del entorno. Si te paras a pensar algo creativo, no acabarías ninguno.

¿Por qué ha escogido Fonda Pepa en Barcelona para exponer?
Buscaba un lugar que respirara ese encanto. No quería un restaurante de diseño: bonito, sí; cálido, sin pretensiones, pero donde se coma bien. También me gustó que nunca hubiesen expuesto nada con anterioridad; creo que se sorprendieron con la propuesta. Me gusta el local, su logo y comer allí. Así que era perfecto.

El mantelín «Fonda Pepa» que da nombre a la exposición.

 

¿Qué podremos ver en las obras de esta exposición? ¿Hay algún hilo conductor?
El hilo conductor son los comensales que aparecen en los manteles, y un subhilo inevitable es ver crecer a mis hijas de mantel en mantel.

Dice que la mayoría las ha completado en el tiempo que duraba la comida. ¿Sus acompañantes le han dicho alguna vez «Sebastià, déjalo ya»?
No, son pacientes, pero tampoco me he quedado un rato después de pagar la cuenta. En un par o tres de ocasiones los he rematado en el estudio, con calma.

¿Alguna anécdota dibujando en bares y restaurantes?

En un restaurante de Corfú no había mantelín, era un mantel enorme que cubría toda la mesa. Así que, cuando acabamos de comer, mi pareja y yo recortamos a mano la zona del dibujo. Al salir por la puerta, la imagen de la camarera mirando el cuadrado negro de la mesa me pareció muy graciosa. Evidentemente, hay propietarios que se lo han querido quedar, pero suelen ser muy educados y solo lo sugieren (risas).

«Mostassa», ilustración en uno de los mantelines de García de Pou.

 

He visto que para presentarse en su web se entrevista a sí mismo. ¿Es una buena manera de ahorrarse el psicólogo?
Era para ahorrarme una explicación pretenciosa sobre mi trayectoria y mi obra. Aunque creo que todavía es más pretencioso entrevistarse a uno mismo.

En esa autoentrevista se ríe del hecho de cerrarse puertas como ilustrador por no tener un estilo único. ¿Se refiere al estilo tan marcado del que muchos ilustradores son prisioneros solo para ganarse el pan?
¡Justo ese! Pero no es una elección profesional, es un rasgo de mi carácter: me aburro cuando hago dos dibujos seguidos en el mismo estilo, así que no se puede decir que sea una decisión consciente o estratégica.

¿Puede un ilustrador hacerse un nombre, vivir de ello y seguir siendo libre?
Me tendrías que definir qué significa «ser libre». Libre, para mí, sería producir la obra que yo quisiera a tiempo completo. Desde ese punto de vista, yo no lo he sido. He vivido toda mi vida de la ilustración sin necesidad de hacerme, como dices, un nombre; y ojo, no es que no lo deseara (risas).

¿Convertir una diversión en profesión es la clave de todo?
Es muy ambicioso responder a qué es la clave de todo. Yo siempre he sido ilustrador de profesión y, aunque me dedicaba a lo que me gustaba, no siempre ilustraba lo que quería ni como quería. Ha sido últimamente cuando he dado el paso a vivir produciendo una obra a mi gusto; y si eso sale bien, habrá sido la clave de mucho.